CRIMEN EN LA MANSIÓN HOLDEN. JAVIER GARCÍA
Hola, lectores y lectoras.
Esta noche quiero dedicar un momento a la nueva novela de mi amigo Javier García Martínez. Hace un par de días tuve el honor de presentarlo en el marco incomparable de La Bohemia, un local donde se reúne arte de varios tipos: pintura, escultura, decoración y reciclaje de muebles, literatura, etc. Allí nos reunimos para arropar a este joven escritor que escribe grandes historias con un estilo sencillo y directo, tal como a mi me gustan.
Se trata de una novela corta, de género negro o policíaco, que se lee de una sentada, o como mucho en dos, porque tiene un ritmo y mantiene de tal forma la tensión que es casi imposible de abandonar antes de terminarla.
Javier García ya se había adentrado en el género negro con su novela "Siroco". Confieso que el protagonista de esta, su detective Jorge Alarma, al principio no me cayó nada bien, pero al conocer su historia, se comprende por qué se convirtió en un personaje amargado y cínico.
Sin embargo, la detective Claire Williams, auténtica protagonista de "Crimen en la mansión Holden" me cayó bien desde que la conocí. Es una mujer auténtica, con sus kilos de más, adicta al dulce, que comienza a cuidarse a raiz de empezar a mostrar problemas de salud, no por pura y simple estética. No tiene nada que ver con esas artificiales detectives que nos presenta Hollywood: guapas, delgadas, perfectamente maquilladas y que persiguen a los delincuentes sobre tacones de vértigo. Claire es una buena detective, con sus defectos, con su compañero borde que se mete con ella y un comisario mayor que no quiere quedar mal con la gente importante del pueblo, pero a quien Claire mete en problemas continuamente por medir a todos con el mismo rasero de la ley.
Esta novela empezó titulándose "La casa de chocolate", como la industria chocolatera de Graham Holden, pero cambió por parecer un cuento infantil, dándole el más apropiado título de "El crimen de la mansión Holden" para revelar su auténtico contenido de genéro policíaco.
En resumen os contaré que Graham Holden es un importante empresario chocolatero de York (Inglaterra). Su familia es idílica, muy ricos y en apariencia muy felices. Cuando en la lujosa mansión en la que viven, aparece un cadáver, la inspectora Claire Williams, una cuarentona soltera, oronda, y adicta a los pasteles que lucha por vencer su sobrepeso, iniciará una investigación en la que descubrirá la cara oculta del crimen.
Es una historia dura y cruel, con páginas cargadas con momentos sobrecogedores, tiernos, e incluso cómicos. Existen muchas víctimas en esta historia: víctimas de la sociedad, de las apariencias, del maltrato infantil, del maltrato de género, del acoso escolar... en fin, hay un montón de subtramas que conducen al inesperado final, tan amargo como el auténtico chocolate.
Os dejo con unas fotos de la presentación celebrada en La Bohemia. Hasta la próxima.
YA LLEGA HALLOWEEN (I)
Como
cada año por estas fechas, comienzan a circular por las redes sociales
comentarios, unos a favor y otros en contra, de la celebración de
Halloween en España, donde somos más partidarios de poner
velas y llevar flores a los difuntos y la mayoría de gente piensa que se
trata de una simple moda importada de EEUU. Nada más lejos de la
realidad.
Halloween tiene su origen en la fiesta celta de Samhaim,
que significa "fin del verano". Se celebraba a finales de la temporada
de cosecha y era considerada como el año nuevo celta, que comenzaba con
la estación oscuta. Los antiguos celtas creían que la linea que une este
mundo con el mundo de los espíritus, se estrechaba hasta desaparecer la
noche de Samhain, permitiendo que tanto los espíritus benéficos de los
antepasados como los malvados, campasen a sus anchas por la tierra entre los humanos.
Los ancestros
familiares eran homenajeados con flores, comida y bebida, y se intentaba
alejar a los espíritus malvados. Si alguien debía salir esa noche,
utilizaba disfraces y máscaras para parecer un espíritu maligno y pasar
desapercibido entre ellos, sin ser dañado.
Esta fiesta pagana, como otras muchas, se cristianizó por la Iglesia, dando lugar a un homenaje a los difuntos y a todos los santos en general. Entonces fue cuando se instauró la costumbre de visitar los cementerios, llevado flores a los antepasados.
Ya véis lo antiguo
de la tradición, que nació en Europa, exportándose a EEUU y a Canadá, donde con el
tiempo se festejó con toda una parafernalia de calabazas iluminadas con
velas, niños pidiendo caramelos de puerta en puerta y el acostumbrado
visionado de películas de terror.
Yo me considero ciudadana del
mundo, y disfruto adoptando las costumbres que me gustan y desechar las
demás. Por lo tanto, homenajeo con flores y velas a los difuntos y me
disfrazo para salir la noche de Halloween, para pasar desapercibida
entre los malos espíritus.
Pero no solo he adoptado estas costumbres.
Desde hace algunos años, suelo escribir un microrrelato para el concurso
FantastiCS (Fantástico Castellón) que se celebra en Castellón,
patrocinado por la Librería Argot, que organiza toda una serie de actos
para celebrar Halloween y un auténtico festival de homenaje a los géneros de misterio, terror y
ciencia ficción.
La tarde del 31 de octubre se organiza una fiesta "Truco o trato" para niños,
pero no acaba ahí. Hay presentaciones, charlas y coloquios sobre libros de género fantástico, proyección de los cortometrajes seleccionados en la Muestra de Cortometrajes,
talleres de cine de terror y ciencia ficción, talleres de guión
cinematográfico de distintos niveles y el concurso de microrrelatos de
que os hablaba anteriormente.
Los micros aparecen en un ejemplar recopilatorio el siguiente año. Se trata ya de una tradición, y como me gusta, la he adoptado, incorporándola a mi calendario.
A continuación os ofrezco uno de los micros presentados por mí, que resultó finalista en el concurso de 2014:
LOS INQUILINOS
La dueña del piso llamó
al timbre. Pegó la oreja a la puerta. Introdujo la llave y abrió.
Las luces estaban encendidas. Pasó ante el salón y vio sobre la
mesita botes de cerveza y platos llenos de restos con moscardones
revoloteando. Llegó a la cocina y se dirigió hacia el fregadero.
Con dos dedos separó los trozos de platos y vasos rotos de los
restos de comida que embozaban el desagüe. Arrugó la nariz. Con
toda aquella porquería, seguro que su criaturita habría mutado. Era
lógico que tuviera mucha hambre. Entre los restos halló una oreja y
dos pulgares, uno de la mano y otro del pie. Frunció el ceño,
enojada.
- Arturito, cielo. Sé
que me estás oyendo. Haz el favor de portarte bien. Eran unos
inquilinos nefastos, pero al menos espera a que me paguen, o
cualquier día nos morimos de hambre los dos.- Le regañó con una
voz llena de autoridad.
Desde el fondo del
desagüe, un par de burbujas ascendieron hasta el agua estancada,
como señal de que el mensaje había llegado a su destinatario.
Voy a preparar mi disfraz. Hasta la próxima entrada, amigos y amigas.
SIEMBRA DE LIBROS EN OTOÑO
Buenas noches, lectores y lectoras.
Hoy os hablaré de la siembra de libros de otoño. ¿Os suena de algo este concepto? La idea es dejar un libro en un espacio público: un autobus, un bar, un cine, un parque, donde se os ocurra. En el interior debe figurar que el libro forma parte del "Club de los Libros Perdidos", que pertenece a quien lo encuentre, pero que al finalizar su lectura, en la próxima siembra de libros deberá ser liberado, para que pueda ser leído por otras personas. También debe consignarse el día y lugar donde fue perdido, así es posible saber por dónde ha viajado.
Este evento a nivel mundial se celebra cada cambio de estación: 21 de marzo, 21 de junio, 21 de septiembre y 21 de diciembre.Con este simple gesto fomentareis la lectura y podéis cambiarle la vida a alguien, asi como suena. ¿No os parece una gran hazaña? A mi si.
Mucha gente
participa de esta actividad sembrando docenas de libros, con sus
familias, con sus estudiantes y maestros, no hay límites ni más
condiciones que las mencionadas antes, así es que son todos bienvenidos a
participar.
Y para ilustrar un poco más este concepto, os voy a contar una historia, un relato que habla precisamente de una siembra de libros, y de lo le ocurrió a alguien que sembró uno. Se titula "El destino del libro", y participó en un concurso de microrrelatos, donde apenas fue votado, supongo que por su extensión, ja ja ja. Os dejo con él y os deseo feliz siembra de libros.
EL DESTINO DEL LIBRO.
Se enteró por Internet de una actividad de promoción de la lectura denominada «siembra mundial de libros». Para participar, debía dejarse un libro en un lugar público al cambiar cada estación, con una nota en su interior, indicando a quien lo tomase que debía leerlo y dejarlo de nuevo en un lugar público en la siguiente estación.
De inmediato pensó en el libro que él había dejado sobre la mesita de noche al marcharse. Por nada del mundo tiraría un libro a la basura, como había hecho con sus zapatillas viejas y su cepillo de dientes. Decidió que sembraría el libro y lo perdería de vista.
El día que comenzaba el verano, camino del trabajo, lo dejó sobre el banco de un parque público, y ya no pensó más en él.
Aquella tarde en que comenzaba el otoño, se encontraba en el otro extremo de la ciudad cuando empezó a llover con fuerza. Le encantaba caminar bajo la lluvia, pero estaba cansada y al ver detenerse un autobús que tenía parada cerca de su casa, decidió abordarlo para llegar sin mojarse demasiado.
A su lado, en el asiento, había un libro igual que el que él abandonó y ella sembró en verano. Casi sin respirar lo tomó y lo abrió con cuidado. En la primera hoja leyó el mensaje que ella escribió, consignando el día de la siembra y el mensaje donde daba las instrucciones precisas. A continuación había un nuevo mensaje que decía así: «Cariño, sé que crees en el destino. Si encuentras de nuevo este libro, dame una nueva oportunidad, por favor.»
Con los ojos empañados y un nudo en la garganta, tanteó el móvil en el bolsillo de su chaqueta...
De inmediato pensó en el libro que él había dejado sobre la mesita de noche al marcharse. Por nada del mundo tiraría un libro a la basura, como había hecho con sus zapatillas viejas y su cepillo de dientes. Decidió que sembraría el libro y lo perdería de vista.
El día que comenzaba el verano, camino del trabajo, lo dejó sobre el banco de un parque público, y ya no pensó más en él.
Aquella tarde en que comenzaba el otoño, se encontraba en el otro extremo de la ciudad cuando empezó a llover con fuerza. Le encantaba caminar bajo la lluvia, pero estaba cansada y al ver detenerse un autobús que tenía parada cerca de su casa, decidió abordarlo para llegar sin mojarse demasiado.
A su lado, en el asiento, había un libro igual que el que él abandonó y ella sembró en verano. Casi sin respirar lo tomó y lo abrió con cuidado. En la primera hoja leyó el mensaje que ella escribió, consignando el día de la siembra y el mensaje donde daba las instrucciones precisas. A continuación había un nuevo mensaje que decía así: «Cariño, sé que crees en el destino. Si encuentras de nuevo este libro, dame una nueva oportunidad, por favor.»
Con los ojos empañados y un nudo en la garganta, tanteó el móvil en el bolsillo de su chaqueta...
REGRESO A LA NORMALIDAD
Hola de nuevo, lectores y lectoras.
Habréis observado que he estado ausente durante el mes de agosto y parte de septiembre. No es que haya estado de viaje en un lugar sin Internet ni nada de eso (ojalá, pero no). Eso si, he tenido vacaciones, que he dedicado, casi exclusivamente, a revisar varias novelas, sobre todo una en concreto que deseaba remitir a un concurso.
Para envíar una de tus creaciones a un concurso o para valoración de una editorial, hay que reunir mucho valor y un poco de seguridad personal. Miento, es necesario reunir mucha seguridad personal. Es indudable que existen muchos escritores y escritoras que se creen dignos de un Premio Nobel y no son ni por asomo dignos de premios, ni de leerles siquiera. Alguien que escribe debe poseer la suficiente dosis de humildad como para no creerse el mejor, pero tampoco el peor. También hay que ser realista y en principio no remitir una obra a concursos muy importantes o editoriales grandes. Eso ya llegará con el tiempo. Existen rumores de que los grandes premios están pactados entre editorial y ganador. Podría ser cierto, pues en muchas ocasiones, el segundo premio es mejor que el primero, ya que sería con justicia el ganador del concurso. La verdad es que debe empezarse por remitir la obra a concursos menos prestigiosos o editoriales más humildes y así se tiene mayores posibilidades de éxito.
Antes de remitir una obra, y si no se dispone dinero para pagar a un corrector profesional, como sería deseable y recomendable, se debe asumir con tiempo la tarea y repasar frase a frase, no solo corrigiendo errores ortográficos, que puede corregir el mismo ordenador, sino errores gramaticales y de expresión, girar las frases que no parecen lo suficientemente claras, aunque parezcan las mejores frases del mundo. Siempre hay que pensar en los potenciales lectores, ponérselo fácil para comprender nuestra historia. Existen escritores cuyo estilo enrevesado les hace creer mucho mejores, pero sus lectores se atascan a menudo, sin poder digerir la historia. Para mi, que tengo un estilo muy claro, sencillo y directo, esta forma de escribir me parece soberbia y una falta de respeto hacia los lectores. Por supuesto es mi punto de vista.
Para mi, lo fundamental es tener una buena historia. Lo demás es cuestión de trabajar el texto, dejarlo reposar, retomarlo, revisarlo y corregirlo cuantas veces sea necesario. Y nunca, nunca considerarlo perfecto, pues siempre se puede mejorar.
Si conocierais la trayectoria de la novela que acabo de remitir a un concurso... Venga, va, os la contaré, porque es una larga historia llena de anécdotas. Se trata de una novela muy especial para mi, pues la concluí a los dieciocho años, hace muuucho tiempo de eso. Hasta entonces jamás había tenido la suficiente paciencia para terminar una novela y dado mi nivel de exigencia, toda mi producción literaria había terminado en la papelera (pues todavía no se estilaba reciclar) y tened en cuenta que entonces no se escribía con ordenador, sino con máquina de escribir, de modo que folios y más folios terminaban en la papelera sin ningún remordimiento.
La había escrito de la forma más anárquica posible que os podáis imaginar, sin ningún tipo de croquis, planning, resumen o lista de personajes y tampoco me hacía falta. Era muy joven y tenía buena memoria, ja ja ja. Fui escribiendo escenas a medida que las imaginaba, y después escribía las partes que cohesionaban las escenas. Dado que antes de plasmarla en papel, ya la tenía planificada en mi cabeza, quedó bastante aceptable al final. La dejé reposar un par de años. La revisé y mejoré, pero conservando siempre su esencia. Volví a dejarla reposar y la revisé de nuevo. Cuando tenía unos 26 o 27 años, más o menos, permití leerla a varios amigos. Tiempo después la leyó mi hija, que lloró con ella.
Ya tenía ordenador cuando pensé en pasarla y de paso, volver a revisarla. En el lugar donde debía estar guardado el manuscrito, no lo encontré. Empecé a temerme lo peor. En esas ocasiones en que se limpian armarios y estanterías, había tirado muchos apuntes de la universidad y podía haberse ido a la basura. Fue un golpe muy duro, pero yo no me rindo facilmente. La tenía tan presente en mi mente, que volví a escribirla de principio a fin. Por el principio fundamental de la Ley de Murphy, en cuanto estuvo totalmente escrita en el ordenador, y en una nueva incursión a lo largo y ancho de mis armarios, apareció la novela manuscrita. Después de pensar en estrellarme la cabeza contra la pared, opté por repasarla, a ver si me había dejado algo fundamental. ¿Podéis creer que había fragmentos y diálogos completos que estaban exactamente igual? Pues así fue.
Este año 2016 recibí una mala noticia, algo que no afectaba a ningún amigo o familiar, pero si a un ídolo del mundo de la música que me acompañó desde que recuerdo, formando parte de la banda sonora de mi vida, por lo que me dolió bastante su pérdida. Uno de los personajes de esta novela estaba basado de tal forma en él, que cuando me enteré de su muerte, la historia tomó un nuevo rumbo y comencé a escribir una segunda parte, pues todo el mundo de mi protagonista habría cambiado al perderle. Quizá pudiera llegar a ser trilogía, pero ya lo veo más dificil. Y ahí lo dejo.
Y esa es la historia de esta novela, que partió hace unos días en busca de un premio de un concurso convocado por una buena editorial. Por supuesto que deseo que gane el primer o el segundo premio, pero si no lo ganara, yo igualmente estaría orgullosa de ella, porque fue la primera que terminé o por todas las vicisitudes que hemos vivido juntas, desde el día en que empecé a imaginarla, escuchando las canciones de mi ídolo...
Y ahora que se acerca el añorado otoño, cuando llega el momento de volver a la rutina, a la vida ordenada que obligar a madrugar, ganarse el pan con el sudor de la frente y todas esas cositas que hacemos, esperando que nos llegue un premio de la lotería primitiva, una herencia de un desconocido tío de América o que nos compren los derechos de la novela para una película que sea un éxito de Hollywood... volveréis a verme a menudo, o mejor dicho, a leerme por aquí. Compartiré con vosotros algunas historias que tengo en el cajón, igual que compartí con vosotros la historia de Liduvel, "Una fugitiva un tanto especial".
Hasta la próxima entrada.
UNA FUGITVA UN TANTO ESPECIAL (CAPITULO 30)
Hola, lectores y lectoras.
Al fin, tras un viaje de muchas semanas, llegamos al final de la historia de Liduvel, una fugitiva un tanto especial. Hemos convivido con ángeles del lado luminoso y del lado oscuro. Incluso hay algunos que nos caen bien, quizá por el dicho de que "hay que tener amigos hasta en el infierno".
Liduvel, reclutada como aspirante a ángel custodio, acompaña a Daniel, aprendiendo de él sus métodos suaves y ajustados al protocolo, porque ella sigue teniendo mucha parte de diablesa y debe adaptarse. Presiente que el barrio donde ella vivió como humana puede llegar a ser un buen campo de batalla entre las fuerzas del bien y del mal, y está preparada para la lucha, donde su experiencia como diablesa será muy útil para conocer los movimientos del enemigo.
Y aquí dejamos esta aventura a través de varias dimensiones. La semana próxima compartiré otras historias con vosotros, si tenéis la amabilidad de seguir leyéndome. Saludos a mis lectores y lectoras de España, Portugal, Francia, Irlanda, Alemania, EEUU y los recién incorporados de Chile y Rusia. Me encanta que mis historias viajen tan lejos.
30.
De este
modo, después de la la fuga de Liduvel y la ingeniosa estratagema
de Axel, el Infierno mantuvo una puerta abierta, a pesar del
esfuerzo de los servicios de seguridad infernales. Mientras algunos
miles de demonios se planteaban seriamente volver al Lado Luminoso
tanto, los servicios jurídicos de Lucifer trabajaban sin cesar en
la búsqueda de algún artículo o letra pequeña en los protocolos
que favoreciera que Lucifer conservara el mando, a pesar de sus
errores manifiestos. Derafiel, en la sombra, se preparaba a fondo,
aconsejado por Luzdel y algunos amigos que se pusieron a su lado por
puro interés, por si ganaban aquella batalla legal y llegaba a
sustituir al Gran Jefe.
El tiempo pasó para el mundo
humano y hubo más cambios en el barrio de Lea Pineda, causados por
el fulgurante paso de Liduvel.
La parroquia estaba ahora en
manos del padre Leopoldo, hasta que se decidiera quién sustituiría
al padre Simón, quien había abandonado los hábitos. El incidente
ocurrido con los gamberros había decidido a sus superiores a
trasladarlo a otra parroquia (según ellos para su seguridad), en
otra ciudad de otra comunidad autónoma, al otro extremo de España,
pero esta vez su voto de obediencia no fue lo bastante fuerte para
moverle de aquel barrio tan querido para él y separarle de sus
chicos, ahora que tenía un gran proyecto en marcha. Sabía que los
consejos de Liduvel fueron siempre sabios y podía ejercer el bien
sin necesidad de ser sacerdote. La suerte le sonrió desde que tomó
su decisión: fue contratado por los Servicios Sociales de la Junta
de Distrito de su barrio. Estudiaría unas oposiciones para quedarse
en ese puesto y ayudar a sus semejantes.
Por otro lado, la abuela de uno
de los chicos del equipo de fútbol, que mantenía a salvo de todo
mal, le alquiló un piso por una suma ridícula, más simbólica que
otra cosa. Para rematar su felicidad, los chicos ganaron el
campeonato local en el que los había inscrito, lo que le dio cierto
prestigio a su escuela de fútbol. Por eso algunos de los jugadores
más destacados habían sido fichados por equipos de fútbol
locales. Ahora el campo de fútbol ya tenía porterías de verdad,
con sus redes, así como un vallado que impedía que sus chicos
cayeran sobre excrementos de perro y botellas rotas.
Había creado un equipo femenino
y había iniciado conversaciones para que otros barrios crearan sus
propios equipos y poder competir igual que los chicos. Para ello
contaba con la inestimable ayuda de Lea Pineda, que había puesto
todo su empeño en aquel proyecto, mejorando así su salud y
llenándose de la ilusión que necesitaba para seguir adelante.
Simón iba a menudo a visitar a
su familia, y les ayudaba cuanto podía, porque él necesitaba poco
para vivir, acostumbrado como estaba a la austeridad. Su padre era
muy feliz porque había dejado de ser cura, se reconcilió
definitivamente e inició un tratamiento para alcohólicos que Simón
le consiguió a través de los Servicios Sociales, cambiando su
protocolo de destino que hubiera derivado pronto en muerte, de no
haber dejado de beber. Eso lo había aprendido de Liduvel. Romper
con un protocolo de destino era difícil, pero eso no quería decir
que fuera imposible.
Simón se sentía bendecido.
Sentía la protección de alguien a todas horas, en todo momento, y
esperaba que fuera Liduvel la que estuviera trabajando por él,
desde el Lado Luminoso. Lo esperaba de corazón y rezaba por ella,
para que consiguiera su puesto de ángel de la guarda... y también
para que fuera su propio ángel.
Liduvel, tan amante de los
métodos poco ortodoxos, había tomado una forma humana cualquiera
para volver a ver a sus protegidos. Era divertido pasar inadvertida
entre la gente, como antes, cuando ocupaba el cuerpo de Lea, pero le
hubiera gustado abrazarles, confesarles que era ella, que todo iba
bien, que no les había abandonado. En fín, todo aquello que no
debía hacer. Estas maniobras no estaban mal vistas por sus
superiores, aunque no cumplían los protocolos, pues estaban
motivadas por el afecto hacia los humanos.
El campo de fútbol estaba muy
animado. No solo asistían los padres y familiares de los chicos que
jugaban, sino que mucha gente del barrio se acercaba a animarles. En
un lugar deprimido, afectado por el desempleo y la violencia,
aquellos jugadores eran la demostración de que no todo iba mal y de
que, a veces, los sueños se cumplen.
Un periódico voló hasta ella,
y mientras se dirigía a meterlo en el contenedor para reciclar
papel (salvar el planeta también era cosa suya) leyó la noticia de
la portada: «El insigne
oncólogo Lorenzo Álvarez es uno de los más firmes candidatos para
ganar el Premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica
y Técnica, por su valioso trabajo en el estudio de las bases del
cáncer y de los modernos tratamientos para combatirlo. Álvarez,
que acaba de ser padre de su primer hijo, ha declarado que si
deciden concedérselo, piensa declinar el honor alegando que no es
digno de tal premio, que él solo desea salvar vidas mientras su
delicado estado de salud se lo permita…».
Liduvel sonrió feliz. Su alma
estaba a salvo gracias a ella. Salvar a Teresa a través de él
había significado su primer gran éxito y jamás lo olvidaría por
mucho tiempo que pasara.
Se giró para ver a Teresa,
sentada entre el público junto con Gustavo. A ella no le gustaba
mucho el fútbol, pero era su hija quién había conseguido aquel
milagro junto con Simón, y estaba presente en sus éxitos para
compartir su felicidad, y también en sus fracasos, para animarla.
Saludó a la pareja, que le
correspondió sin reconocerla. Teresa tenía buen aspecto. Ya no
estaba tan pálida y había ganado algo de peso. Sabía que
planeaban pasar el próximo año unas cortas vacaciones, aunque la
compra del coche nuevo de Gustavo se retrasara un poco, algo que no
ocurriría si a Liduvel le salía bien la jugada. Había movido las
piezas para conseguir un nuevo empleo a Gustavo, que le traería
mayor sueldo y la posibilidad de cambiar de coche, e incluso de
vivienda. Todo le iría sobre ruedas mientras mimase a Teresa como
lo estaba haciendo hasta ahora. Aunque Gustavo no formara parte de
sus protegidos, si hacía feliz a Teresa, para ella era importante
hacer su vida mejor.
Liduvel se centró en el
partido. Daniel estaba también en el campo. Su función era
aconsejar a sus protegidos del equipo que no hicieran entradas muy
duras a los contrarios, y que no insultasen al árbitro, aunque se
equivocara en alguna decisión y les perjudicase.
— ¿Cómo
van?— le preguntó a Teresa.
— Dos
a cero. Ganamos— le contestó Teresa,
como si el triunfo del equipo fuera suyo también.
— Estupendo—
asintió Liduvel.
Teresa la miró de nuevo con
curiosidad. Liduvel temió que la reconociera bajo su funda humana.
Eso sería muy confuso para la mujer.
— ¿Tienes
a alguien jugando en el equipo?—se
interesó Teresa, para entablar conversación.
— No,
pero viví en este barrio durante algún tiempo, y me gusta ver como
los chicos de Simón y Lea triunfan. Vengo siempre que mi trabajo me
lo permite—explicó Liduvel, sin
mentir.
— ¡Ah!
Lea es mi hija, es segunda entrenadora de este equipo y entrenadora
titular del equipo de fútbol femenino, otro logro del
barrio.—declaró muy orgullosa
Teresa.
Liduvel sonrió, pues estas
satisfacciones la llenaban de vida, le daban fuerzas para soportar
el tratamiento contra el cáncer.
— Lo
sé. Lea es una gran entrenadora— asintió
Liduvel— Estará orgullosa de ella. Tengo
entendido que ayuda también en el programa de desintoxicación del
Distrito. Da charlas a chicos para que no caigan en la
droga—continuó Liduvel, dándole pie
a seguir presumiendo de su hija.
— Sí,
ya ha dado tres charlas, una de ellas en su instituto. Superó su
adicción con mucha valentía, ella sola, pero no todos son tan
fuertes y valientes como ella. Necesitan toda la ayuda posible—
asintió Teresa, henchida de orgullo.
— Lea
saldrá adelante, ya verá. La veo muy bien de salud… de cuerpo y
alma— afirmó Liduvel, sonriendo. Era
cierto. Parecía que Lea llegaría a ser adulta, a pesar de sus
excesos con la droga. Liduvel la había nutrido y fortificado su
cuerpo de tal manera que la salud había regresado a ella, y con la
salud, una promesa de longevidad.
— Sí,
estoy muy orgullosa de ella. Va bien en los estudios y la veo bien
encaminada— asintió Teresa,
sonriente.
— Tengo
que irme. Encantada de conocerla, señora, y enhorabuena por el
éxito de su hija— se despidió
Liduvel, cuyos contactos con sus protegidos siempre le parecían
demasiado breves, sobre todo los encuentros con aquella que había
sentido como su propia familia, como su madre.
— Gracias,
y mucho gusto. Cuando venga a ver un partido, acérquese a charlar
conmigo—la invitó Teresa, que parecía
sentir algo por aquella desconocida.
— Desde
luego. Nos veremos.—sonrió Liduvel.
Teresa la siguió con la mirada
mientras Liduvel abandonaba la grada. Tocó a Gustavo en el brazo,
distrayéndole del partido.
— ¿No
te recuerda a alguien esta chica?—le
preguntó.
— ¿Quién?
No veo a nadie— respondió él, mirando con
aire distraido.
— Estaba
aquí, hablando conmigo. Qué poco te fijas—
se quejó Teresa, suspirando. Pero realmente le había
recordado a alguien. Su forma de hablar, su forma de mirarla, como
si leyera en su mente...
Liduvel
regresó a su propia dimensión de ángel y enseguida encontró a
Daniel, que la esperaba al otro lado del campo de fútbol. Le relató
el breve encuentro con Teresa, que Daniel consideraba peligroso, por
si la reconocía a pesar de su disfraz. Mientras, él observaba de
cerca a uno de sus pupilos, sancionado por acumulación de tarjetas,
que no podía jugar el partido y andaba rondando por allí con
propósitos poco claros.
— No
debes jugártela con tus protegidos. Estamos a prueba, Liduvel. Deja
de comportarte como una diablesa traviesa, jugando con las
normas.—recomendó el sensato Daniel.
— Los
echo de menos. Me encanta hablar con ellos, animarles y echarles un
cable. A veces siento que como ángel no me escuchan. Creo que no lo
hago bien…—se lamentó ella, suspirando.
— No es
culpa tuya. No llegamos a ellos porque no creen en nosotros. Es más
fácil no creer, no hay que buscar tantas explicaciones a los
milagros de cada día. Se encuentran de narices con un milagro y se
dicen: «Ha sido una
casualidad» o «alguna
explicación tendrá».
Yo sé de qué hablo, porque hasta hace muy poco tiempo, yo estaba
entre ellos— le explicó Daniel, tomándola de la mano— Debes
insistir y sobre todo debes hablar en su idioma. No debes decirles
cositas dulces como: «debes
ser puro de corazón».
Lo que ellos escuchan es «no
seas gilipollas y deja de tocar los huevos de una puta vez».—
Ella sonrió, porque así es como le gustaba hablarles, en crudo
lenguaje «demoniaco»,
pero creía que estaba prohibido para ángeles custodios
Sin
embargo, en honor a la verdad, Daniel debía confesarle que a él
también le ocurrió lo que pasaba ella. Su hermoso rostro se
oscureció, al recordar su reciente pasado.
— Yo
también echaba de menos a mis padres y a mis amigos. Les hacía
pequeñas visitas, como tú, y eso me rompía el corazón. Decidí
no hacerlo. Pedí el traslado a un lugar apartado. Me lo negaron.
Dijeron que debía vivir…—sonrió un instante, con el término
inadecuado e hizo con los dedos la señal de las comillas— «Vivir»
con ello. Era parte de la prueba. Fue cuestión de tiempo, claro,
como todo. Ellos murieron, los abracé de nuevo y les dí la
bienvenida. Ya no tuve que añorarles… ahora les veo a veces. Todo
es cuestión de tiempo. A ti también te pasará.— la consoló él.
Liduvel
asintió. La paciencia no era una de sus virtudes, pero lo
intentaría.
La próxima
visita programada sería para Lea. Lo había planeado todo para
poner en su camino a un chico que parecía perfecto para ella. Se
llamaba Pedro y era jugador de fútbol, un buen chico. En su informe
había consignado que después del éxito de su equipo de fútbol,
una relación amorosa afianzaría su felicidad, y si era feliz,
sería buena. Era así de simple. De momento su propuesta había
sido aceptada, y esto significaba un nuevo éxito apuntado en su
lista de méritos.
El chico
que Daniel observaba de cerca tenía unos diez años. Estaba
aburrido y enfadado por no poder jugar el partido, y su ociosidad le
hizo echarle el ojo a una bicicleta, sujeta con un candado a los
soportes de la entrada del campo de fútbol. Daniel le indicó a
Liduvel que observara su sistema, se acercó a él y le susurró al
oído.
— No te
hace falta esa bici. Te buscarás líos. No puedes venderla porque
no está demasiado nueva y tampoco podrás llevarla por el barrio,
porque su dueño la reconocerá y te pegará una paliza. Además,
por aquí hay mucho tráfico y podrías acabar atropellado bajo un
coche. Todo son pegas. ¿Por qué tienes que meterte en líos
idiotas?— susurró Daniel a su protegido, y el chico, con un gesto
de frustración, desistió de su empeño tras pensarlo un poco.
Liduvel
sonrió a Daniel, complacida por su nuevo éxito y continuaron
caminando por el campo de fútbol y sus alrededores. Daniel se
separó un poco de ella, pues estaba a punto de liarse una trifulca
en el terreno de juego. Se acercó al chico que iba a vengarse de
otro que le había hecho una falta. Deseaba con fuerza romperle la
pierna de una patada.
— No se
te ocurra lesionarle. Sé que estás furioso con él, pero
fastídiale ganándole el partido. ¿Recuerdas cuando te rompiste el
brazo? ¿Recuerdas cuanto te dolía? ¿En serio te parece bien
hacerle eso a otro chico? Venga y no te amilanes. ¡Gánale el
partido! Le fastidiarás mucho más y no le harás ningún daño.—le
susurró al chico de su equipo de protegidos.
El chico
frunció los labios con rabia y le dedicó una mirada asesina a su
rival. Le evitó y lanzó el balón con tal acierto que metió gol.
Su rostro de satisfacción se hizo más evidente cuando vio la cara
de rabia de su rival. Daniel movió la cabeza. Podía haberlo hecho
mejor, pero más valía aquella pequeña soberbia que haber
lastimado al otro chico.
Liduvel
miró a lo lejos y frunció el ceño. Mientras Daniel volvía a su
lado y le daba buenos y sabios consejos que le vendrían bien en su
nueva profesión, distinguió a alguien al otro lado de la calle.
Creyó reconocer la figura sombría de un numerario del Lado Oscuro,
rondando por allí. Daniel no lo sintió, pero ella aún tenía
mucho de diablesa y detectaba el mal a kilómetros de distancia. Eso
era una ventaja en aquel mundo, dominado por sus antiguos hermanos.
Liduvel
debía de estar siempre alerta, porque ella era el ángel que había
abierto el camino a una nueva rebelión. Con aquella sonrisa malvada
que Daniel adoraba, se consoló pensando que Lucifer estaba
demasiado ocupado en salvar su puesto de Señor de los infiernos
para ocuparse de ella, al menos de momento. Pero no descartaba una
lucha de fuerzas en aquel territorio. El barrio donde había vivido
como humana era un buen terreno abonado para el mal, y sabía que
los humanos necesitaban muy pocas influencias para cometer
fechorías. Iba a ser un trabajo duro, pero su gran experiencia en
el Lado Oscuro ayudaría mucho a las fuerzas del Lado Luminoso.
Sonrió al pensarlo, preparándose mentalmente para el gran
enfrentamiento que se avecinaba.
Adrián
frunció el ceño al percibir que Liduvel le había detectado. Ya
sabía que había sido con ella, y no con la frágil Lea, con quien
había medido las fuerzas en sus últimos días. Le habían
advertido que era muchísimo más poderosa que él, y a pesar de sus
deseos de venganza, no debía actuar contra ella. Por eso se retiró
en silencio a las sombras, esperando una mejor ocasión para actuar.
No quería fallar en su primera misión. Había permanecido poco
tiempo en la zona de castigo, donde doblegaban a los futuros
numerarios hasta hacerles desear desaparecer en la nada, pero haría
lo que fuera para no volver a los siniestros corredores del
infierno.
En el
momento que Liduvel y Daniel estuvieran descuidados, comenzaría a
ejercer sus maldades sobre el mundo, en aquel barrio donde había
vivido y fracasado como humano. Muy pronto volvería a ser el líder
malvado que fue, se cambiaría su nombre de mortal por el de
Adrianel y se codearía con los demonios principales… si aquella
maldita fugitiva no se cruzaba en su camino, por supuesto.
¿F
I N?
UNA FUGITIVA UN TANTO ESPECIAL (CAPITULO 29)
Hola, lectores y lectoras.
Esta semana he comenzado a ver la serie "Lucifer". Me interesaba saber qué enfoque le daban a esta serie sobre demonios. Está bien, la verdad, no solo por el protagonista, Tom Ellis, muy expresivo y atractivo, sino también porque es imaginativa y bastante cómida, dentro del estilo fantástico y policíaco. Basada de forma libre en un comic, Lucifer parece haber seguido el camino de mi Liduvel, y ha salido huyendo del Infierno y de sus responsabilidades en el inframundo. Dirige una discoteca de moda y se lo pasa en grande en el mundo, pero el contacto con la Inspectora Decker le va cambiando, y empieza a proteger a los seres humanos, investigando crímenes y castigando con placer a los malvados. Por otro lado, tiene una relación con una terapeuta, que le va tratando, a cambio de sexo, explicándole el motivo de todos sus cambios. Bueno, no es la misma historia, pero algo se parece, ¿verdad? En fin. Podéis verla e ir comparando, a ver cuál os gusta más.
Esta semana, de regreso al juicio a Liduvel, Lucifer comparece como parte acusadora, dándose cuenta de que ha caido víctima de varios engaños, y de que sus enemigos van a utilizar esos errores en su contra, para derrocarle. Averigua que la decisión sobre el destino de la diablesa ya estaba adoptada antes de comenzar el juicio, y al convocar al terapeuta Damon para ser testigo de la acusación, sufre una nueva sorpresa. Pero hay muchas más cosas que ocurren en la sala estanca donde se celebra el juicio. Entrad y averiguadlo.
Besos a mis lectores y lectoras de España, Portugal, Irlanda, Francia, Alemania, EEUU y Venezuela. Hasta el próximo capítulo.
29.
Gabriel
les recibió de nuevo con una media sonrisa. Daniel no se había
atrevido a manifestar su favoritismo por Liduvel en su viaje al
mundo, pero regresó a su lado y la había tomado de la mano. Eso
era suficiente para ella. La media sonrisa de Gabriel la llenó de
esperanza. Había visto todo a través de los ojos de Daniel. Como
solía ocurrir con Liduvel, el método había sido algo irregular,
no ajustándose para nada al protocolo, pero había obrado un buen
efecto en la confusa muchacha. Gabriel sabía por otros medios que
Lea regresó al hospital con Simón y su madre la recibió con
preocupación y afecto, que ella aceptó con toda la naturalidad que
pudo, pidiendo perdón por su comportamiento y excusándose en su
pérdida de memoria, tan natural como necesaria para su integración
en el mundo que Liduvel había construido para ella.
— Continuaremos
el juicio. En el mundo todo vuelve a su cauce—anunció Gabriel,
que les ofreció aquella información, breve pero muy interesante.
— Estoy
dispuesta— asintió Liduvel, sonriendo por sus palabras, que la
animaban.
Liduvel
sonrió a Daniel y soltó su mano antes de entrar en la sala. Esta
vez, Lucifer en persona había ocupado el lugar de Derafiel, que
permanecía a su lado, aparentando estar sereno. Tanto él como sus
compañeros permanecían expectantes ante la intervención de su
Jefe. Tras reflexionar, el ángel perfecto temió que su ausencia en
aquel importante evento, pudiera precipitar su derrocamiento en el
Infierno, como de hecho había empezado a rumorearse.
— Prosigamos—
pidió Gabriel en cuanto el murmullo se alzó al entrar Liduvel en
la sala.
Lucifer
dedicó una mirada venenosa a Liduvel. Además de sacarle de su
despacho en momentos de crisis de un nivel impensable para él, se
había enterado de que le había arrebatado un alma que había
pactado con él. La rabia que le provocó esta pérdida, acabó de
arrasarlo todo a su paso en las elegantes salas de primer nivel.
Pero debía tranquilizase, centrarse y sobre todo no debía dejar
aquel caso tan importante en manos de un inferior. Debía anotarse
el triunfo y liquidación de aquel problema.
— Con la
venia del Tribunal, me disculpo por no haber asistido a la primera
parte de este Juicio irregular, pero razones de causa mayor me
impidieron asistir— indicó Lucifer, levantándose con elegancia—
Retomando la acusación de Liduvel, en el mismo punto en lo que dejó
mi subordinado Derafiel, continuaré arguyendo que la extraña
actitud de la acusada no es innata, ni siquiera puede afirmarse que
viene dispuesta desde lo alto. Su forma de pensar –tan extraña en
una diablesa primigenia– fue impunemente inducida por un
terapeuta, que experimentó métodos totalmente cuestionables con
ella, los cuales derivaron en la extraña criatura que actualmente
es, y que no tiene cabida ni en el lado de la Luz ni en el Lado
Oscuro: una diablesa confusa, que muestra cierta piedad hacia los
humanos. Para argumentar esto, me baso en las declaraciones del
mismo terapeuta, de nombre Damon, al que se convocará para declarar
si el Tribunal opina que es necesario—continuó él, que le había
dejado en el Infierno a regañadientes, mientras estudiaba la forma
de hundir a Liduvel.
Lucifer
pensaba que nada podía hacer nada ya, ahora que la acusada estaba
bajo la protección del Tribunal, pero no perdía las esperanzas.
Ansiaba destruirla para mandar de nuevo a Damon donde le habían
hallado, al menos.
Rafael y
Miguel intercambiaron miradas significativas y una sonrisita
cómplice con Gabriel, que Lucifer captó al punto con su habitual
agudeza.
— Perdón,
señores... ¿me estoy perdiendo algo?—preguntó al punto.
— No, en
absoluto. Continua, por favor.—le pidió Gabriel, intentando
mantener una expresión neutra y serena.
— ¿Cree
pues el Tribunal que es procedente que se llame a Damon a declarar?—
solicitó Lucifer, mirándoles con ojos entornados, por si podía
percibir alguna conspiración.
— Hablando
en nombre de todos, creo que precisaríamos que el terapeuta Damon
prestase declaración ante el Tribunal, porque nos parece bastante
extraña la argumentación que expones, amigo Lucifer. La poderosa
mente de un ángel – sea del Lado Luminoso o del Lado Oscuro- no
es susceptible de un cambio tan profundo a manos de un simple
terapeuta. No somos influenciables humanos, amigo— aceptó
Gabriel, controlando su sonrisa.
— Bien,
así pues... a fin de avalar mi teoría, llamo a declarar a
Damon.—pidió Lucifer, extrañado de su actitud. Pensó que podía
ser paranoia. La sufría desde que el Infierno se había alzado para
pedir su dimisión, pero hubiera jurado que aquellos miembros del
Tribunal del Lado Luminoso, estaban conspirando contra él
El ascenso
a la sala del Tribunal resultó de lo más confortable. Damon iba
vestido con sus mejores galas, y pidió ser acompañado de Fedra,
como su antigua secretaria, alegando que quizá precisara echar mano
a su preciada memoria para su declaración. Su deseo le fue
concedido a regañadientes, y Fedra no cabía en sí de gozo. Había
solicitado asistir al juicio como público, y se la había
rechazado, igual que a miles de sus compañeros del Lado Oscuro.
Ahora, elegida para asistir como asistente de un testigo,
recopilaría chismes para esparcirlos durante eones.
Cuando
Damon entró con aire majestuoso en la sala, los miembros del Lado
Luminoso sonrieron con alegría, y esto terminó por preocupar a
Lucifer. Incluso Liduvel se dio cuenta del cordial recibimiento, con
corrientes de energía positiva circulando por toda la sala. No era
lógico que se recibiera de tal forma a un simple numerario del Lado
Oscuro como Damon. Era extraño, pero incluso ella se alegró de
verle, como en los tiempos en que la recibía en su consulta. No
comprendía qué ocurría, pero su innata intuición le estaba
diciendo a gritos que una conspiración se había gestado en un
lugar y un tiempo remoto, y estaba a punto de descubrir los primeros
resultados. También sintió que ella estaba justo en el centro de
aquella conspiración, y no sabía si eso era bueno o malo en aquel
momento. Miró a Daniel con una pregunta en la mirada, pero él no
parecía saber mucho más que ella. Solo le sonrió y le hizo el
signo de la victoria con los dedos.
— Damon,
has sido requerido por la acusación, para explicar al Tribunal qué
clase de terapia empleaste con Liduvel. En el Infierno declaraste
que esa fue la única y verdadera causa que la convirtió en un ser
extraño, sintiendo ese sucedáneo de compasión por los humanos,
que la llevó a desear pasarse de bando, a ser una fugitiva... e
incluso a la desfachatez de aspirar a ser un ángel de la guarda,
según creo.—le pidió Lucifer con voz grave y potente, con su
habitual tono teatral.
Damon
sonrió, se arregló las vestiduras con cuidado y miró al Tribunal
con expresión traviesa.
— Distinguidos
miembros del Tribunal, a requerimiento de Lucifer hablaré, juro que
será la verdad pura y dura, ahora que la amenaza del Infierno no
pesa sobre mi cabeza ni me impide sincerarme. Confieso que mentí
con todo descaro, con el propósito de llegar a este lugar, justo
en este punto de la historia. Declaro con todo conocimiento de
causa, que con la aplicación de mi terapia no desperté nada nuevo
en Liduvel... nada que ella no tuviera ya en su interior.— afirmó
Damon, sorprendiéndole.
Lucifer le
hubiera fulminado en aquel mismo momento, incluso ante el Tribunal,
pero le era absolutamente imposible. ¿Cómo podía haberle engañado
aquel puto numerario de aquella forma? Empezaba a creer que era un
caso perdido.
— ¡Alto!
¡Un momento! En el Infierno tú dijiste que habías potenciado
hasta el infinito sus ideas equivocadas y que la habías convertido
en lo que era— farfulló Lucifer, sin poder creer que aquel
energúmeno le hubiera mentido, y sobre todo, que él no lo hubiera
notado.
—Si me
lo permites, Lucifer, creo que las ideas que son equivocadas para
ti, son magníficas y resplandecientes ideas para el Lado Luminoso.
Pondré en antecedentes al Tribunal, si tienen un poco de paciencia.
Observé por mi cuenta a Liduvel durante mucho tiempo. Nunca vi
auténtica maldad en ella, como sería lógico. Al principio Liduvel
estaba afectada por un fuerte sentimiento de ira contra el que ella
pensaba que era su alma gemela, Axel, pues sentía que la había
traicionado. Cuando este sentimiento se difuminó un poco con el
paso del tiempo, Liduvel giró sus ojos sobre el mundo, y no actuó
igual que los demás demonios. Ella siempre fue diferente. Sí,
realizó su trabajo destructivo, alistó almas para el Infierno,
pero no de una forma tan convencida como sus hermanos oscuros. El
punto álgido de esa diferencia lo percibí en el Gólgota. Ese día,
ante SU sufrimiento, ella lloró, y entonces me di cuenta de que se
debía potenciar su regreso... porque ella no pertenecía del todo
al Lado Oscuro.— explicó Damon, sin morderse la lengua.
Lucifer
iba a hablar, pero Gabriel intervino, recibiendo una de sus miradas
más venenosas.
— Yo
recuerdo ese día. Como muchos hermanos, estuve en aquel monte
infame. Responde, Liduvel... en honor a la verdad ¿por qué
lloraste aquel día nefasto?— preguntó Gabriel, irritando a
Lucifer, que se sentía engañado, atropellado y utilizado.
Liduvel
se encogió de hombros. Pensó que su respuesta era muy importante
para su futuro y que sobre todo, debía de ser sincera.
— ÉL me
caía muy bien, no puedo negarlo. Sí, tras la revuelta, él se
enfadó mucho con nosotros, con toda la razón y nos castigó con
dureza, pero después creo que se arrepintió. Todos éramos
hermanos, sus criaturas perfectas, y nos había condenado al fuego y
a la oscuridad. El tiempo pasó y le noté de nuevo cordial y justo,
lleno de bondad, no solo con los humanos, también con nosotros. A
veces incluso parecía divertido por nuestras gamberradas. Y ese
día... sí, todos sabíamos que toda aquella tortura cruel entraba
dentro del Gran Plan Establecido para una nueva alianza, pero los
hombres sin piedad, le hicieron sufrir tanto que me rompía el alma.
Le vi derramar sangre, sudor y lágrimas, y lloré por ÉL, y
también por su pobre madre humana, que no estaba al tanto del plan. ¡Cómo
me recuerda Teresa a su madre! Sí, aunque sabía QUIÉN era y que
superaría todo aquello, sufrió mucho.— respondió Liduvel,
levantándose y mirando a Damon a la cara.
— Veanla,
esa era la terrible y cruel diablesa Liduvel, hace poco más de dos
mil años, según la contabilidad humana. ¿Pueden considerar que
fuera un verdadero y malvado demonio?—proclamó entonces Damon,
aunque no tenía la palabra. Gabriel sonrió ante su intervención,
sin reprenderle.
—Pero...
pero... — farfulló Lucifer, que no entendía nada, intentando
meter baza. De repente, se concentró, y a pesar de estar en aquella
sala, todo su poder le mostró la verdad que allí se revelaba: la
infiltrada en las filas infernales no era Liduvel, como le había
hecho creer Damon. Su oxidado instinto le había fallado una vez
más. El infiltrado era el mismo Damon y nunca se dio cuenta de
ello, ni siquiera en el momento en que decidió desintegrarle.
Y él
(maldito idiota que se merecía la degradación) lo había convocado
como testigo, sacándole del infierno y metiéndole en la seguridad
de aquellos muros intocables. Cómo deberían estar divirtiéndose
los del Lado Luminoso, por su gran estupidez.
—¡Tú
eres...! ¡Tú eres....!— señaló Lucifer, intentando controlar
su lengua, que estaba tan paralizada como su intuición.
— Yo
soy… permíteme que me presente, amigo Lucifer. Damon no es más
que una personalidad oculta. Mi auténtico nombre es Axel, enviado
especial del Lado Luminoso. Solicité por un procedimiento especial
la misión para ayudar a Liduvel a regresar, en memoria de nuestra
antigua amistad. Cumplí mi misión puntualmente sin ser
descubierto, pero antes de poder regresar, fui condenado a la
desintegración por pura y simple envidia de mis colegas infernales,
sin que se descubriese mi verdadera conspiración. Sin embargo la
misericordia divina no tiene límites, incluso las almas del Lado
Oscuro, desintegradas por tu furia descontrolada, tienen como última
morada el Estanque del Olvido Eterno, un lugar terrible si lo
piensas, sí, pero donde permanecen intactas y no desaparecen para
siempre como tú deseabas, pues las almas no son de tu propiedad y
no tienes poder para destruirlas. Las almas solo le pertenecen a
ÉL.— explicó Damon.
Liduvel
abrió tanto como pudo sus hermosos ojos. ¡No podía creer que Axel
hubiera arriesgado de tal forma su seguridad para ayudarla!
Damon
disfrutó con cada palabra de su discurso y aunque estaba prohibido
aplaudir o realizar cualquier gesto de apoyo que pudiera
interrumpir, los miembros de la Defensa resplandecieron hasta
deslumbrar a Lucifer, que ardía de rabia, trasluciendo por toda su
piel aquellos reflejos flamígeros propios de su personalidad.
— Y
continuando con Liduvel: tal como yo esperaba de ella, emprendió su
lento y seguro camino hacia la Luz. Yo sólo tuve que darle un
empujoncito, algo que no hubiera tenido efecto alguno… si ella no
hubiera tenido en su interior el deseo profundo de regresar.—arguyó
Damon, descubriéndose por fin ante todos tal como era, luminoso,
con sus alas blancas y perfectas, la sonrisa inmensa y brillante de
triunfador.
Liduvel no
podía creer que no le hubiera reconocido bajo aquel burdo disfraz
de numerario del Lado Oscuro. Derramó lágrimas emocionadas al
verle de nuevo tal como era la última vez que alcanzó a verle,
antes de caer en el abismo. También lloró al saber que había
estado ayudándola desde hacía mucho tiempo. Por esta causa, Axel
había sufrido durante un tiempo en el Estanque del Olvido Eterno,
no tantos eones como ella, pero eso ya carecía de importancia, era
un asunto pasado. Cierto que nunca fueron almas gemelas, pero ella
le quiso en un remoto pasado, y él, al parecer, también la quería
a su modo, cuando se había arriesgado de aquella forma por ella.
Ahora, tras eones de pura soledad, en el lugar dejado por Axel
reinaba Daniel, un numerario ex-humano poco brillante, pero
infinitamente más dulce y cálido, más próximo y fiel que él,
quien la había abandonado en el momento decisivo de la rebelión,
sin avisarla de que se echaba atrás. Eones de odio y resentimiento
contra Axel se purgaban en aquel momento, al saber que él había
intentado reparar el daño que le causó.
Fedra
tampoco daba crédito a sus ojos. ¡Había trabajado para un ángel
del Lado Luminoso! Se sentía bastante extraña, pero... ¡qué
demonios! ¡que se postraran todos los diablos ante su sabiduría!
¡Qué exquisitamente maquiavélico había resultado su plan! ¡Qué
bien urdido, que visión de futuro tenían aquellos ángeles
luminosos! Después de sobreponerse a la sorpresa inicial, se
empezó a preguntar si las cotillas serían bien recibidas en el
Lado Luminoso, porque no deseaba perderse por nada del mundo
aquellos tejemanejes que movían los hilos del Universo.
Gabriel se
comunicó de nuevo con ÉL, pues por un instante cerró los ojos y
resplandeció, deslumbrando a todos los miembros del Tribunal y a
los testigos presentes.
— Creo
que ya hemos escuchado lo suficiente. El testimonio de la verdad ha
llegado hasta lo más alto y la decisión ha sido dictada por ÉL en
persona. Quien tenga oídos que escuche: Liduvel nunca perteneció
enteramente al Lado Oscuro. Hizo mal en rebelarse, sí, pero lo hizo
más que nada para seguir a su amado Axel, no porque estuviera
convencida. Utilizó métodos incorrectos, pero se arrepintió e
intentó enmendar sus errores, y cuando decidió hacer el bien, lo
hizo muy bien. Merece una oportunidad para regresar al lugar del que
no debió salir jamás... Liduvel regresará al Lado Luminoso. Así
sea.—anunció Gabriel en SU nombre.
En ese
instante el público presente no pudo reprimirse por más tiempo y
prorrumpió en aplausos y vítores, encabezados por un entusiasmado
Daniel. Los demonios aullaron y patearon y Lucifer se había quedado
lívido y silencioso. Liduvel estaba aturdida. Creía haber
entendido que lo había conseguido, pero no podía aún creerlo. Su
sueño al fin cumplido.
Gabriel
pidió silencio, para continuar su explicación, que debían a la
acusación, para que no pensaran que aquel juicio sólo había sido
una farsa (como de hecho había sido, pero jamás lo reconocerían).
— Pero
debemos decir, en honor a la verdad, que todo no estuvo totalmente
decidido hasta que Liduvel, echando por tierra lo que había
conseguido hasta el momento, cambió el destino de Teresa y del
doctor Álvarez de un plumazo. Ahí arriesgó mucho, y a cambio
consiguió mucho. No todos los días se rompen pactos con Lucifer…
Pero no contenta con eso, aún hizo más: Liduvel renunció a su
escaso tiempo en el mundo, para salvar a unos desdichados niños. En
ese momento, aunque ya antes habíamos observado gratos destellos de
generosidad (impropia de demonios), es cuando Liduvel por fin
renunció a su egoísta deseo de regresar al Lado Luminoso a costa
de todo, y lo abandonó todo por salvar unas tristes vidas,
totalmente ajenas a ella. Es en ese momento cuando ganó realmente
su regreso.—reveló Gabriel, con una sonrisa resplandeciente.
Los ojos
de Liduvel brillaron de felicidad. Fue genial ceder a su impulso de
salvar a aquellos niños. No sólo consiguió salvarlos del fuego
(que era lo que más le importaba), sino que además se había
salvado del fuego eterno (o de la desintegración eterna).
Lucifer no
podía creerlo. Su trampa para Liduvel había terminado decidiendo
su salvación. Cerró su carpeta negra de golpe. Miró a Gabriel con
la furia incendiaria que no podía alcanzarle a él ni a nadie en
aquella sala.
— No me
importan tus almibaradas explicaciones. Considero que ha sido una
burda trampa, indigna de vosotros, que os consideráis seres
bondadosos y limpios. No solo porque ya habíais decidido sobre la
suerte de esa cerda indeseable antes de convocar este burdo
Tribunal, sino que eones antes de este momento, enviasteis a MIS
dominios a un infiltrado que se burló en mi cara. Abrís las
puertas del infierno y creáis un mundo aparte, dentro de mi mundo,
en las posesiones que ÉL en persona me legó a MÍ. Habéis roto
con todos los protocolos del comportamiento, de modo que yo también
puedo infringir las reglas. Vosotros lo habéis querido: La guerra
está en marcha, señores...—les amenazó, señalándoles a cada
uno con un dedo tembloroso de ira.
Los
miembros del Lado Luminoso no se inmutaron con su amenaza. Liduvel
tembló no por ella, sino por los humanos que caerían en el fuego
cruzado entre Luz y Tinieblas.
— ¿Qué
hay de novedad en ello, amigo Lucifer? Tú ya has roto el protocolo
anteriormente, de hecho te encanta hacerlo. Ahora mismo soportas una
rebelión en el infierno por haber roto con el protocolo de
degradación, debido a tus repetidos fallos garrafales. Reflexiona
un instante sobre tu proceder a lo largo de eones, y deberás
admitir que así ha sido. Debes darte cuenta de que no puedes
destruir a nadie. Martirizar, atormentar, sí, para eso se lo han
ganado a pulso los malvados (que bastantes oportunidades les damos
para redimirse y no podemos recuperarles) pero no puedes hacerles
desaparecer. Por eso se creó el Estanque del Olvido Eterno, para
que esas almas no desapareciesen y quedaran allí hasta el Fin de
los Tiempos. Si no fueras tan impulsivo y desintegrases a cuantos te
disgustan, no hubiera sido necesario crear ese lugar en tu mundo
oscuro.—explicó Gabriel, con voz suave y calmada.
— En
cuanto a nuestro infiltrado, en honor a la verdad debo decirte que,
si te hubieras dedicado a tu trabajo con empeño y dedicación, dada
tu inteligencia y perspicacia superior, en lugar de disfrutar una
vida relajada de lujo y despreocupación... él no hubiera podido
pasar jamás desapercibido ante ti.— aseguró Miguel, sin alterar
su voz cordial, con una brillante sonrisa burlona.
— Nuestros
mundos continuarán tal como están. La lucha de poderes continuará
como hasta ahora, para que el hombre elija el buen o el mal camino,
según lo que dicte su conciencia y el libre albedrío que ÉL les
concedió.—afirmó Rafael, con la sonrisa radiante del que se sabe
triunfador.
— ¿De
verdad? ¡Qué amables, qué justos sois conmigo, pobre imbécil
cornudo y apaleado!—rugió Lucifer, enojado por su tono
condescendiente, que le hería mucho más que los insultos—
¡Metéos a esa traidora en vuestro pálido y resplandeciente culo!
Pero no esperéis que otros continúen el camino que ella ha
abierto. Los desintegrare a todos antes de permitirles la fuga,
aunque vayan a parar al puto Estanque del Olvido Eterno. Al menos no
los tendréis entre vosotros—exclamó Lucifer, indignado. Si
hubiera tenido un cuerpo humano, en ese momento su corazón hubiera
reventado por la terrible presión.
— El
camino está abierto. Y el ingenio para solicitar el regreso o
fugarse dependerá de la voluntad de regresar de cada uno. Buenos
días, amigo. Y vuelve a tu mundo, antes de que te encuentres con un
golpe de estado. Tenemos noticias frescas y... francamente, no son
nada halagüeñas para ti...— le advirtió Gabriel señalando
hacia abajo, con aquella sonrisita torcida que exhibe quien sabe más
de lo que dice.
— ¡Pésimos
días! ¡Y que os pudráis todos!—se despidió él. Seguido de
Derafiel, Luzdel y Databiel, que aparentaban estar ofendidos y
malhumorados, cuando sentían una satisfacción interna por poseer
más argumentos que utilizar en contra de Lucifer para su
degradación.
El primero
en felicitar a Liduvel fue Daniel, quien temía que, una vez
descubierta la identidad de Axel, se despertaran en ella gratos
recuerdos de juventud, y le abandonara. Pero ella no tenía esa
intención. Primero abrazó y besó a Daniel, después sonrió a
Axel, que le tendió una mano. Ella le abrazó y le besó en la
mejilla, pero el amor que un día sintió por el que creía su alma
gemela, no hizo saltar ni una triste chispita.
— Vale.
Está bien. Te perdono— sonrió ella, con los ojos brillantes.
— Gracias,
Liduvel. No esperaba menos de tí— asintió él, sonriente— Fue
muy cobarde de mi parte no haberte avisado del cambio de planes.
Sentí miedo de que me sorprendieran conspirando. Planeé durante
mucho tiempo la forma de ayudarte. Recordaba a cada momento tu
rostro, cayendo en el abismo, con ese reproche en tu mirada, y debía
hacer algo por ti...— explicó Axel, avergonzado de su actitud en
los albores de su historia— Pero no hubieran permitido que actuara
si no hubiera demostrado que tú eras diferente. Todo fue mérito
tuyo.
— Gracias,
Axel. Gracias por todo.—asintió Liduvel, tocando su rostro
resplandeciente. Entonces volvió junto a Daniel, que esperaba este
gesto y se sintió aliviado al ver que ella no le dejaría por el
brillante y triunfador Axel.
Éste les
miró cuando unieron sus manos y se miraron a los ojos. Estaba claro
lo que ocurría y se alegró mucho por ella.
— Él es
tu alma gemela, ya lo veo. Enhorabuena a ambos por encontraros para
el resto de la eternidad. Propondré que podáis trabajar por la
misma zona. Así os veréis a menudo. No está bien separar a las
almas gemelas...—señaló Axel con generosidad y esta vez fue
Daniel quién le miró agradecido.
— Gracias,
Axel. Eso estaría muy bien. Si ambos pudiéramos trabajar en la
misma zona como aspirantes a ángeles de la guarda... sería muy
gratificante. Colaboraríamos y nos animaríamos uno al otro—
afirmó Daniel, estrechando de la cintura a Liduvel, que le abrazó
de nuevo.
Gabriel se
acercó entonces a ellos, fingiendo un enojo que no sentía.
— Por
supuesto que seguiréis luchando para conseguir ser ángeles de la
guarda. ¿Qué pensabais? ¿Que os habíais ganado el honor de estar
en los puestos más altos, contemplando todo el día SU esplendor?
Pues no. Ambos vais a trabajar duro, muy duro. Porque sois un par de
tramposos que no mostráis ningún respeto por el protocolo y aún
tenéis que demostrar muchas cosas...— les advirtió Gabriel,
interviniendo en la conversación.
Lejos de
asustarse o molestarse por sus palabras de apariencia dura, los dos
le sonrieron, estando de acuerdo con Gabriel.
— No
queremos otra cosa.—afirmó Daniel, sonriente ante el futuro.
— Estoy
esperando que me deis un destino muy difícil. Os voy a deslumbrar
con mis resultados. Soy de lo más eficiente cuando me empeño.—pidió
ella, aún pecando de falta de modestia.
Gabriel
fingió pensarlo durante un instante, pues ya había recibido
instrucciones al respecto.
— Bien,
veamos. Vamos a ver los resultados que obtienes en el difícil
barrio de Lea Pineda, Teresa Esteban, Simón Aguilar. Te
destinaremos en principio estos protegidos. Cuanta más experiencia
tengas, más protegidos podrás tener. Los del Lado Oscuro no
comprenden esto. Para ellos el secreto del éxito está en la
especialización.... pero nuestros mejores ángeles son los que
tienen mayor número de protegidos, siempre que los lleven bien,
claro está.—le dijo Gabriel. Ella estaba tan feliz que le abrazó,
aunque estuvieran más o menos prohibidas tales confianzas con un
arcángel. Él no se mostró disgustado ni distante. Al fin y al
cabo le encantaban las muestras de afecto, sobre todo si eran
sinceras.
— ¡Gracias!
No os decepcionaré.—exclamó Liduvel, con gran alegría.
—¿Y yo,
señor?— preguntó Daniel, cuyo futuro estaba en el aire, ahora
que dejaría de ser ayudante de Gabriel.
— Como
tienes un poco más de experiencia, amigo Daniel, y dado que te
hallas en la última fase de tus pruebas de acceso a ángel de la
guarda, a ti te destinaremos un trabajo más difícil: los chicos
del equipo de fútbol de Simón, que, dados los tiempos que les ha
tocado vivir, necesitan bastante ayuda para continuar en el buen
camino.—decidió Gabriel, provocando la alegría de Daniel. ¡En
el mismo barrio de la misma ciudad que Liduvel! ¡No tendrían que
recorrer grandes distancias en su escaso tiempo libre para poder
verse! ¡No había recompensa mejor a su esfuerzo!
Liduvel y
Daniel se abrazaron y Gabriel resplandecía por la gran obra que
habían hecho.
— Ya te
dije un día que una pequeña pala podía abrir un gran
agujero—bromeó Axel con Gabriel, abrazándole después de largo
tiempo de ausencia.
— Y yo
te creí y tenía fe en tus planes, amigo Axel. Nos ha costado un
poco, pero el agujero es lo suficientemente grande como para que
empiecen a pasar nuestros hermanos perdidos, y añorados durante
mucho tiempo. Sé que muchos no querrán volver, heridos en su
orgullo por el castigo recibido, pero otros ya piensan en su fuga y
tienen como ejemplo a Liduvel. Muchos volverán a nosotros. Ya es
hora de la reconciliación— asintió Gabriel, orgulloso de Axel y
de la conspiración que habían urdido con SU protección.
Hablando
amistosamente de sus cosas, ni siquiera repararon en que había
alguien del Lado Oscuro que no había abandonado aún la sala. Axel
sintió como una llamada silenciosa, se giró y la vio, allí
sentada.
— Pero
¿qué haces tú aquí todavía? ¿No deberías estar contándolo a
todo el mundo?— sonrió Axel con aire divertido, al ver a su
antigua secretaria y eficaz colaboradora Fedra.
Ella se
levantó con elegancia y miró a los presentes, que ahora la
observaban con curiosidad, pues al fin y al cabo solo era una
numeraria del Lado Oscuro.
— Verá,
señor. Cuando ha descubierto su verdadera identidad, no negaré que
me ha sorprendido un poco, y no sé si en un principio me gustó
haber servido a un ángel del Lado Luminoso. Pero lo he pensado dos
veces, y dado que la situación es bastante inestable en el
Infierno, me he dicho ¡qué narices! Usted ha sido mi mejor jefe,
con diferencia, y puedo seguir ayudándole desde allí. Supongo, que
si en esta sala se dispone de inmunidad, y no existe comunicación
con el exterior... podría aprovechar la ocasión para brindar mi
ayuda sin que el Gran Jefe se entere. Y por último he pensado que
mi humilde colaboración... algún día puede servir para que con
el tiempo, pueda incorporarme a sus filas.—propuso Fedra con
timidez, pues no sabía muy bien como sería recibida su propuesta.
Axel rió
a carcajadas. Se acercó a ella y la abrazó con fuerza.
— ¡Querida
Fedra! No esperaba menos de ti. Por eso pedí traerte al
compartimiento estanco. No puede existir mejor agente doble a
nuestro servicio en el Lado Oscuro. Eres una gran candidata para
ingresar en nuestras filas.—exclamó Axel. Gabriel asintió,
estando de acuerdo con Axel.
Fedra se
sintió feliz, convencida de que lo lograría algún día, si no
terminaba en el Estanque del Olvido Eterno, del cual también podía
ser salvada de alguna forma, igual que le había ocurrido a Axel. En
todo caso había esperanza.
— Aquí
tenéis a la próxima candidata a fugitiva.—la presentó Axel,
feliz— ¿Veis como mis planes no terminaban en Liduvel? La puerta
se ha abierto. Otros intentarán pasar. Dejaremos a Lucifer sin sus
mejores efectivos, y con la revuelta ya en marcha en su mundo
oscuro.—anunció Axel a sus compañeros, que aplaudieron el éxito
de un plan trazado hacía siglos, en contabilidad humana.
— Ve,
Fedra, y trabaja para nosotros. Esparce tus rumores contra la mala
gestión de Lucifer y de alguna forma contactaremos contigo para
futuras colaboraciones. Cuídate de la ira de Lucifer y ve en paz.—
la instruyó Gabriel, benévolo con aquella numeraria que no parecía
tan malvada como para arder en el infierno.
Fedra se
inclinó ante Gabriel y miró a Liduvel antes de salir. Quería
recordar aquel rostro, aquella sonrisa triunfal, aquel resplandor
que la rodeaba. Admiraba a aquella diablesa reconvertida y por
encima de todo quisiera ser como ella, aunque le costara el esfuerzo
que le había costado.
Lo primero
que iba a hacer sería contar su gesta y contagiar a sus colegas la
admiración que sentía por ella. El primero sería su buen amigo
Delmor, después vendrían más demonios a escuchar su historia. Ni
siquiera tendría que ser ella la que fuera con el chisme por todo
el Infierno.
Ese sería
el primer paso.
(continuará)
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